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Fernendo Jiménez Latorre, secretario de Estado de Economía y Apoyo a la Empresa

Fernendo Jiménez Latorre, secretario de Estado de Economía y Apoyo a la Empresa

28 de febrero de 2013

La economía española cierra 2012 con una caída del 1,4% en media anual

  •  La contracción del cuarto trimestre fue del 0,8% y de un 1,9% respecto del año anterior
  •  La demanda externa aporta 2,8 puntos al PIB gracias a la mejora de las exportaciones
  •  La capacidad de financiación frente al exterior aumenta por segundo trimestre consecutivo
  •  La destrucción de empleo se sitúa en el 4,4%, con una pérdida media anual de 768.650 puestos de trabajo

La economía española registró en el cuarto trimestre de 2012 una contracción del 0,8% respecto al trimestre precedente, por lo que intensifica en cinco décimas su ritmo de caída. La recesión se prolonga así durante cinco trimestres consecutivos. En términos interanuales el PIB disminuyó un 1,9%, tres décimas más que en el trimestre anterior. En la media del año el retroceso fue del 1,4%, una décima inferior a la previsión del Gobierno.

La demanda externa neta continuó evolucionando positivamente, con una aportación de 2,8 puntos porcentuales a la tasa interanual del PIB del último trimestre, cuatro décimas más que en el trimestre precedente. Por el contrario, la demanda nacional siguió minorando el crecimiento y restó 4,7 puntos a la variación interanual del PIB (siete décimas más que en el tercer trimestre).

La contribución positiva de la demanda externa neta al crecimiento se debió al comportamiento expansivo de las exportaciones, que aumentaron un 3,2% anual –las de bienes crecieron un 3% y las de servicios un 3,6%-. Esta favorable evolución fue menos intensa que la del tercer trimestre (4,2%) como consecuencia, principalmente, de la pérdida de impulso de la demanda en los países de la Zona Euro.

Las importaciones disminuyeron un 5,4% interanual, dos puntos más que en el trimestre previo, con una caída más acusada en el caso de los bienes (6,1%) que en los servicios (3,1%). La intensidad del descenso de las importaciones compensó el crecimiento más moderado de las exportaciones, por lo que el resultado fue una contribución aún más positiva de la demanda externa neta al crecimiento agregado.

El análisis de los componentes de la demanda nacional refleja una mayor caída interanual en el gasto en consumo final de los hogares (-3% frente al -2,1% del periodo anterior). En tasas trimestrales la diferencia fue todavía mayor (-1,9% en el cuarto trimestre frente a -0,5% en el tercer trimestre). Esta evolución estuvo condicionada en buena medida por el efecto  de la entrada en vigor de los nuevos tipos de IVA el 1 de septiembre del pasado año. Por su parte las Administraciones Públicas redujeron con mayor intensidad la demanda de consumo final (una caída del 4,1%, una décima superior a la del tercer trimestre). El tono restrictivo del gasto de las administraciones que ya venía produciéndose desde el inicio del año se acentuó durante el segundo semestre, una vez que entraron en vigor buena parte de las medidas de consolidación de las comunidades autónomas.

La formación bruta de capital fijo registró una caída interanual del 10,3%, seis décimas más que en el trimestre anterior. Este registro se debió al menor pulso de la inversión en equipo, que  cayó un 7,9% (7% en el tercer trimestre), ya que la inversión en construcción redujo en una décima su caída (pasó del -12,4% en el tercer trimestre al -12,3% en el cuarto).

Desde el lado de la oferta, según ramas de actividad, tanto la industria como la construcción moderaron cinco y cuatro décimas sus ritmos de caída interanual en el trimestre (-2,4% y -8,5%, respectivamente). Por el contrario, los servicios acentuaron su retroceso, al pasar de caer un 0,6% en el tercer trimestre a un -1,2% en el cuarto. Esta caída está asociada en sobre todo a la caída de la demanda de consumo final tanto público como privado.

El ritmo de destrucción de empleo se acentuó en el cuarto trimestre una décima en términos interanuales hasta el -4,7% y siete décimas en datos intertrimestrales, hasta el -1,6%. En consecuencia, la productividad aparente por ocupado se desaceleró dos décimas en tasa anual, hasta el 2,9%. Como la remuneración por asalariado pasó de crecer un 0,1% interanual en el tercer trimestre a caer un 3% en el cuarto, los costes laborales unitarios se redujeron un 5,8%, el doble que en el trimestre precedente. Se prolonga así la tendencia a la ganancia de competitividad exterior que viene mostrando la economía desde comienzos de la crisis.

En cuanto a las variables nominales, el deflactor del PIB se desaceleró medio punto en tasa anual, hasta el 0,1%, sobre todo por la evolución del deflactor del consumo público, que disminuyó un 5,6% por las medidas de contención de las remuneraciones del sector. Destacó también la moderación del deflactor de las exportaciones (redujo una décima su tasa anual, hasta el 1,8%). Con todo ello, el PIB a precios corrientes aceleró su caída siete décimas, hasta -1,8%.

Por segundo trimestre consecutivo, la economía española registró capacidad de financiación exterior, concretamente 9.500 millones de euros en el último trimestre del pasado año frente a la necesidad de financiación de 6.171 millones de euros de un año antes. En términos de PIB nominal, supone una capacidad de financiación del 3,6%, lo que representa una sustancial corrección en comparación con la necesidad de financiación del 2,2% del PIB del cuarto trimestre de 2011.

En definitiva, 2012 fue un año de correcciones importantes de los desequilibrios de la economía española, que sientan las bases para la recuperación futura y fueron compatibles con una contracción de la actividad inferior a la prevista por el Gobierno. Ese año la economía española se contrajo un 1,4% en media anual, caída que mejora en una décima la estimación oficial del Gobierno realizada para los PGE 2013.

Paralelamente, la corrección de los desequilibrios también fue de mayor magnitud de la inicialmente prevista: el saldo de la balanza de pagos por cuenta corriente se redujo desde un 3,7% a un 0,8% del PIB y la necesidad de financiación, desde un 3,2% a un 0,2% del PIB. Esta fuerte mejora no solamente se debió a circunstancias cíclicas sino también a un buen comportamiento de las exportaciones en un marco de crecimiento más débil del previsto también para los principales socios comerciales. A esta corrección contribuyó la moderación de los costes laborales unitarios (-3,5% en media anual), favorecida también por la reforma laboral.

El otro lado de la caída de la producción fue la destrucción de empleo, que en 2012 alcanzó  el 4,4% (2,7 puntos más que en 2011) lo que supuso en promedio del año una pérdida de 768.650 puestos de trabajo a tiempo completo. No obstante, la reforma laboral ha optimizado el funcionamiento de canales alternativos de ajuste del mercado de trabajo distintos al despido de trabajadores y mejora así la relación entre la caída del PIB y la del empleo privado.

La mayor caída de la actividad y del empleo en el último trimestre de 2012 se explica por la concentración en ese periodo de buena parte de las medidas adoptadas el año pasado y por el deterioro de la actividad de nuestros socios comerciales. Con la corrección de los desequilibrios alcanzada, el agotamiento de los efectos restrictivos de las medidas y la paulatina recuperación internacional, cabe esperar que la tendencia contractiva se modere en los próximos trimestres para invertirse luego, de forma que se hayan dejado atrás los peores momentos de la actual coyuntura económica.

 

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